Grupo de educación sanitaria PAPPS
Redacción: Carmen Cabezas
Actualizada: julio del 2001 |
Como todos sabemos, el consumo de cigarrillos es la mayor causa prevenible de enfermedad y muerte en países industrializados como el nuestro. También sabemos que dejar de fumar produce beneficios para la salud importantes e inmediatos para los hombres y las mujeres de todas las edades, tanto si tienen o no enfermedades relacionadas con el tabaco. Dejar de fumar disminuye el riesgo de cáncer de pulmón, otros cánceres, infarto de miocardio, accidente vascular cerebral y limitación crónica al flujo aéreo.
A pesar de ello aún los últimos datos estadísticos mostraban que el 35,7% de la población adulta española fuma (ENS, 1997), con una tendencia clara a que el consumo descienda en varones y aumente en mujeres.
Los datos del estudio de seguimiento a los 40 años de los médicos varones británicos muestran que uno de cada 2 fumadores regulares de cigarrillos morirá a causa del tabaco. Gran parte de los más de 46.000 muertos que se producen cada año en España a causa del tabaco, han pasado por nuestras consultas, les hemos tratado por muy diversos problemas de salud agudos y crónicos; pero posiblemente en pocas ocasiones hemos insistido en lo que realmente causará su muerte: el tabaco.
Efectivamente, más del 75% de la población pasa anualmente por las consultas y el promedio de veces que les vemos anualmente está entre 5 y 6. Esto nos da una oportunidad única, específica de la atención primaria, de poder intervenir en un gran número de personas, en muchas ocasiones, pero muchas veces en esos momentos claves para la prevención en que la persona aún no ha iniciado ninguna enfermedad. Por otro lado más del 60% de los fumadores quieren dejar de fumar y la mayoría han hecho algún intento para conseguirlo; pero, muchos de ellos no saben dónde pueden pedir ayuda.
Por otro lado la intervención desde atención primaria es efectiva y tiene una de las mejores relaciones de coste-efectividad entre todas las actividades preventivas.
Desde hace más de 10 años los puntos principales de la intervención son conocidos, pero recientemente se han producido novedades importantes. Esta guía pretende ser una ayuda práctica para realizar intervenciones efectivas, muchas veces muy breves (basta con 3 minutos), desde la atención primaria.
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Fumar es una adicción
La nicotina es una sustancia química potente que produce placer, aumenta la atención, disminuye el hambre, mejora el estado de ánimo y calma los síntomas de abstinencia a la nicotina. Puede actuar como estimulante y relajante. Si el nivel de nicotina es demasiado alto pueden aparecer: nauseas, salivación excesiva, sudor frío, palidez, aumento del pulso, dolor de cabeza y problemas con el sueño: particularmente sueños vívidos.
La nicotina llega en 7 segundos desde los pulmones al cerebro y se une a receptores colinérgicos, adrenérgicos, dopaminérgicos y serotoninérgicos. Un fumador promedio repite este proceso unas 200 veces cada día (73000 caladas al año) y esto le conduce a la adicción al tabaco. Entre las evidencias que demuestran que fumar es una dependencia estan:
- Más del 90% de los fumadores fuman diariamente.
- Los síntomas de abstinencia al tabaco se calman cuando se administra nicotina.
- Experimentos en personas con dependencia a varias drogas, han mostrado la nicotina endovenosa tan satisfactoria como la morfina subcutánea.
La nicotina tiene una vida media aproximada de dos horas. Cuando los niveles de nicotina están por debajo de los niveles de confort de un fumador, aparecen síntomas de abstinencia que incluyen ansiedad, incapacidad de concentrarse, irritabilidad, imposibilidad de descansar, necesidad urgente de un cigarrillo, disminución del pulso, dolor de cabeza e insomnio. Cuando se deja de fumar, la mayoría de los síntomas del síndrome de abstinencia alcanzan su intensidad máxima de 24 a 48 horas después de haber dejado de fumar y disminuyen gradualmente de intensidad en 2 o 3 semanas. Sin embargo, otros síntomas, como es el deseo urgente de fumar, particularmente en situaciones difíciles, persiste durante meses o años.
Fumar es una conducta aprendida
La mayoría de las personas empiezan a fumar antes de los 20 años. Poco a poco, las situaciones en que habitualmente se fuma se van asociando con los efectos reforzadores de la nicotina. Beber café, descansar en medio del trabajo, salir con los amigos se van asociando a un cigarrillo, y dificultan mucho dejar de fumar. El condicionamiento que se produce es una de las causas importantes de recaídas.
Fumar es una dependencia social
Otros factores relacionados son el entorno social: muchos momentos claves de la vida en nuestra sociedad están asociados a un cigarrillo: bodas, bautizos, o cualquier tipo de celebraciones sociales, incluidos las deportivas. Fumar sigue siendo un símbolo de iniciación a la vida adulta, y un elemento de identificación con el grupo. Por otra parte, también influyen aspectos de la personalidad como la rebeldía, la tendencia al riesgo o la inestabilidad afectiva, así como el papel simbólico que tiene para una persona el hecho de fumar: para muchos adolescentes y preadolescentes el fumar es "propio de los adultos", sofisticado, o confiere atractivo personal.
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El proceso de dejar de fumar
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El cambio de una conducta (no sólo fumar, sino -por ejemplo- llevar una vida sedentaria, beber demasiado alcohol, comer mucho, etc.) no es un acto puntual, sino que es un proceso con varias etapas y que requiere un tiempo generalmente largo.
Prochaska y DiClemente crearon un modelo para la conducta de fumar, pero su uso se ha extendido a la explicación de muchas otras formas de comportamiento, sobre todo adictivas. Estos autores definieron unas etapas sucesivas de la siguiente forma:
- Precontemplación: la persona no se ha planteado seriamente la idea de cambiar la conducta. El fumador piensa que a él el tabaco no le perjudica y no está preocupado por este tema. La mayoría de los fumadores jóvenes sanos están en este estadio.
- Contemplación: hay un planteamiento serio de cambio debido, en general, a la aparición de síntomas o a experiencias cercanas de enfermedades o muertes relacionadas con el tabaco. En este estadio, el fumador piensa que debe y puede dejar de fumar, es capaz de poner una fecha para hacerlo y de plantearse cómo hacerlo.
- Acción: la persona está realizando los pasos necesarios para cambiar. Aquí el fumador pone en práctica los planes que había hecho anteriormente, e intenta dejar de fumar.
- Mantenimiento: la persona que ya ha cambiado se mantiene sin fumar.
- Recaída: la persona vuelve a realizar la conducta que había intentado cambiar. Aquí, el fumador recae.
Hay varios puntos claves relacionados con esta teoría:
- El proceso es cíclico: es decir la persona que recae, vuelve a un estadio en que por el momento prefiere no cambiar la conducta, para después volver a planteárselo, etc.
- Las recaídas son una parte normal de este proceso: la mayor parte de la gente necesita varios intentos antes de cambiar definitivamente una conducta.
- Las intervenciones adecuadas a cada una de las etapas son diferentes: En las primeras fases se promueve un cambio de actitudes, mediante una escucha activa de lo que expresa el paciente (¿Por qué fuma? ¿Cómo se siente sobre su consumo de tabaco? ¿Qué piensa sobre ello? ¿Qué le motivaría a dejar de fumar?) y una información personalizada. En las fases de acción y mantenimiento, la persona necesita ánimo, apoyo e instrucciones, sobre todo (Ver pasos básicos y protocolo de visitas de ayuda)
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Pasos básicos para ayudar a dejar de
fumar
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Tabla 1. Intervención recomendada por el US Public Health Service Report 2000.
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PREGUNTAR
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identificar sistemáticamente todos los fumadores en cada visita:
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Incluir la valoración del consumo de tabaco como una más de las constantes vitales.
-
Usar etiquetas recordatorias en HCAP de papel, y sistemas de alarma o recuerdo en los sistemas informatizados.
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ACONSEJAR
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a todos los pacientes que dejen de fumar. El consejo debe
ser:
-
Claro: "Como su médico/enfermera, le aconsejo que deje de fumar y puedo
ayudarle"
-
Fuerte: "Dejar de fumar es lo mejor que puede hacer por su salud actual y futura. Nosotros podemos ayudarle"
-
Personalizado: Según la condición clínica, la historia del consumo de tabaco, la motivación/disponibilidad para el cambio, la historia familiar, los intereses personales o los costes sociales y económicos.
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VALORAR
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la disponibilidad para hacer un intento de dejar de fumar y actuar según ésta:
- Si el paciente es capaz de hacer un intento sólo. Ayudar.
- Si el paciente quiere ayuda intensiva. Proporcionársela o derivarlo.
- Si claramente dice que no es capaz de dejar de fumar en este momento.
Entrevista motivacional.
- Si es adolescente, o embarazada, o de una minoría étnica.
Información adicional.
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AYUDAR
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al paciente a dejar de fumar:
-
Fijar una fecha. Ayudar al paciente a fijar una fecha
en las 4 semanas siguientes, reconociendo que nunca es el
momento ideal.
-
Buscar el apoyo del entorno social: familia, amigos,
compañeros de trabajo.
-
Prever las dificultades al dejar de fumar, sobre todo
las primeras semanas, incluyendo los síntomas de
abstinencia.
-
Eliminar todos los productos relacionados del tabaco
del entorno habitual. Antes de dejar de fumar, evitar
fumar en los sitios en que se pasa mucho tiempo (casa,
trabajo, coche, etc).
-
Dar consejos prácticos sobre cómo resolver problemas
o entrenamiento de habilidades:Abstinencia total,
aprovechar experiencias anteriores, evitar/afrontar las
situaciones muy asociadas al consumo de tabaco,
limitar/evitar el consumo de alcohol mientras se está
dejando, buscar el apoyo/respeto de los otros fumadores de
su entorno.
-
Dar apoyo claro desde el centro de salud.
-
Ayudar al paciente a obtener apoyo social fuera del
centro de salud: en su entorno social.
-
Recomendar ayudas farmacológicas (sustitutos de la
nicotina o/y bupropion): explicar qué aumentan la
probabilidad de éxitos y reducen los síntomas de
abstinencia, especialmente en fumadores dependientes ( los
que fuman 15 cigarrillos o más cada día, los que fuman
su primer cigarrillo en los primeros 30 minutos después
de levantarse y los que han hecho intentos previos con
recaídas en las primeras semanas).
-
Proporcionar material de auto-ayuda y ofrecerse a
discutirlo con el paciente.
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FIJAR
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visitas de seguimiento.
-
Fijar una visita de seguimiento enseguida después de dejar de fumar, idealmente en la primera semana y otra visita durante el primer
mes.
-
En las visitas de seguimiento: Felicitar; si ha consumido tabaco, revisar las circunstancias y lograr de nuevo el compromiso de dejarlo totalmente. Recordarle al paciente que una recaída debe ser usada como una experiencia de aprendizaje, identificar los problemas que se han tenido y anticipar los obstáculos futuros. Valorar el cumplimiento con la
farmacoterapia, los efectos adversos y los cambios en las dosis. Considerar si se necesita un seguimiento más intensivo (Ver protocolo de visitas de ayuda) o una derivación.
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¿Cómo
valorar el consumo de tabaco?
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La primera idea clave en este punto es la de que no hay ningún nivel de consumo que sea seguro, ni ningún tipo de consumo que lo sea. Fumar un cigarrillo supone la absorción de substancias tóxicas e irritantes que en ninguna dosis pueden ser inocuos. Ahora bien, el riesgo asociado está en relación con el número de cigarrillos fumados y al tiempo que se lleve fumando.
Fumador es pues cualquier persona que dice que fuma, en cualquier medida. Fumador regular suele considerarse el que ha fumado un cigarrillo al día durante los últimos 30 días.
Por todo ello, es clave preguntar en cada visita por el consumo de tabaco y registrar el consumo en la historia clínica. La periodicidad mínima de esta detección debe ser de una vez cada dos años.
Por otro lado, debido a que en nuestro medio más del 90% de las personas comienzan a fumar antes de los 20 años, no es necesario continuar preguntando a las personas adultas que nunca han fumado ni a las personas que llevan muchos años sin fumar y de las que hay constancia de esta información en las historias clínicas. Si se deja un período de 10 años adicional para no perder los comienzos tardíos, no sería necesario reinterrogar a los no fumadores estables mayores de 30 años.
Una vez que se sabe que una persona fuma, es importante interrogar sobre algunos aspectos esenciales para aumentar la efectividad del consejo. En efecto, las intervenciones han de ser adecuadas al grado de motivación y a la dependencia que tenga el fumador.
Para valorar la dependencia se puede usar el cuestionario de Fagerström
(ver tabla 2). En el contexto de las consultas de atención primaria, de todos modos, muchas veces puede ser suficiente con cuatro preguntas para evaluar bien el grado de dependencia:
- ¿Cuánto fuma?
- ¿Cuánto tarda desde que se levanta hasta que fuma el primer cigarrillo?
- ¿Ha intentado alguna vez dejar de fumar? ¿Qué pasó?
Las personas que consumen más de 15 cigarrillos al día, que fuman el primer cigarrillo en los primeros 15-30 minutos de la mañana, y/o han hecho intentos previos con malestar y recaídas en las primeras semanas tienen probablemente un grado importante de dependencia y tienen muchas posibilidades de experimentar un síndrome de abstinencia al dejar de fumar que condiciona sus posibilidades de éxito.
La motivación es el otro factor clave. Siempre, aún en las intervenciones más intensivas, es el propio fumador el que deja de fumar y ningún profesional sanitario puede hacer esta acción por él. Por lo tanto, es la persona la que decide dejar de fumar y lo intenta. Una persona que responda afirmativamente a la pregunta: ¿Quiere dejar de fumar?, está ya, como mínimo en un estadio de contemplación, y puede ser capaz de intentarlo enseguida. Existen cuestionarios específicos como el de Richmond que se han mostrado útiles en atención primaria. Es un cuestionario muy breve con un rango posible de 0 a 10 obtenido por la suma de las respuestas a 4 preguntas sobre el interés en dejar de fumar de inmediato y en los próximos 6 meses
(ver tabla 3).
Es muy importante registrar estos datos en la historia clínica o en registros específicos. El proceso de dejar de fumar requiere tiempo, y se necesita un registro evolutivo, que permita que cada una de las intervenciones que se hacen se base en las experiencias y situaciones anteriores.
Tabla 2. Test de Fagerstrom para la Dependencia a la
Nicotina (1991).
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PREGUNTAR
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RESPUESTAS
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PUNTOS
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Hasta 5 minutos.
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3
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Entre 6 y 30 minutos.
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2
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Entre 31 y 60 minutos.
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1
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Más de 60 minutos.
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0
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Sí
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1
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No
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0
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El primero de la mañana
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1
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Cualquier otro
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0
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10 o menos
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0
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11-20
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1
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21-30
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2
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31 o más
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3
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Sí
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1
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No
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0
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Sí
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1
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No
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0
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La puntuación máxima de esta versión es 10; los fumadores que obtienen 8 o más puntos son los más dependientes, y los de 4 a 7 tendrían una dependencia moderada
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Tabla 3. Test de Richmond para valorar la motivación para dejar de fumar (1993).
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PREGUNTAR
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RESPUESTAS
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PUNTOS
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No
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0
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|
Sí
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1
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Nada
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0
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Mucho
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3
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No
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0
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|
Sí
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3
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No
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0
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|
Sí
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3
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La puntuación máxima de esta versión es 10; los fumadores que obtienen 7 o más puntos son los más motivados, y los de 4 a 6 tendrían una motivación moderada.
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Hay muchos mensajes positivos que se le pueden dar a un fumador. Si deja de fumar, su expectativa de vida aumenta; y lo que es más importante aumenta su probabilidad de vivir sin enfermedades o sin incapacidad. El consejo siempre debe ser positivo, ya que se está intentando que una persona tome una decisión (positiva) de cambiar una conducta poco saludable.
También ha de ser claro: la evidencia científica sobre la importancia de no fumar es inexcusable y el mensaje debe transmitirse sin ambigüedades.
Por otra parte ha de ser específico. A los adolescentes no les motiva hablar de salud, y menos a largo plazo, ya que en la mayoría de los casos es un bien absoluto, cuya posibilidad de perderlo se ve muy lejana en el tiempo. A las personas jóvenes en general les preocupan mucho los aspectos estéticos; en estos casos se puede insistir en que el olor a humo del aliento o de la ropa desaparecerá, o los dientes amarillos, o el aspecto de la piel, etc. En el anexo se da una lista de motivaciones según algunas características de las personas.
Ha de ser personalizado, ya que en atención primaria se conocen muchos detalles de la vida de los pacientes y de su familia que pueden condicionar el porqué una persona está fumando y qué le puede motivar a dejarlo.
También ha de ser adecuado al momento del proceso de cambio en que está el individuo. La persona que ya quiere dejar de fumar, pero no se siente capaz, necesita que se le recuerde que cada día mucha gente deja de fumar, y que por lo tanto es posible hacerlo; también puede beneficiarse de que se le den consejos y trucos concretos para afrontar los primeros días después de dejar de fumar.
Si la persona no quiere dejar de fumar (no está preparado) puede ser debido a varios motivos. Por ejemplo, puede tener información incorrecta sobre los efectos del tabaco sobre la salud (pe: la vivencia que “de algo hay que morir”, sin valorar la incapacidad o la pérdida de calidad de vida o la vivencia de invulnerabilidad a los efectos, etc.), puede tener miedo o preocupación sobre qué pasará al dejarlo (aumento de peso, qué método de afrontamiento de estrés usará, etc.), puede pensar que no será capaz de conseguirlo (sobre todo si ha recaído en anteriores ocasiones). En estos casos el paciente puede responder a estrategias de entrevista motivacional. En estos casos, es clave que el profesional sanitario muestre empatía, promueva la autonomía del paciente (posibilitando las decisiones), evite la confrontación, y apoye el sentido de autoeficacia (identificando éxitos previos en otros cambios de conducta). Es muy importante que sea el propio paciente el que identifique sus propias motivaciones. El sanitario puede ayudar al paciente a reflexionar sobre cuatro posibles áreas de motivación como son:
- Relevancia personal de los beneficios de dejar de fumar: Algunas motivaciones específicas según características del paciente pueden verse en la
tabla 4.
- Riesgos específicos: Tanto agudos, como a largo plazo, como para los miembros de su entorno.
- Recompensas: hay un gran abanico de recompensas en el ámbito de la salud, la estética, la recuperación de los sentidos, la autoestima, etc.
- Métodos de afrontar los obstáculos: síndrome de abstinencia, miedo al fracaso, aumento de peso, falta de apoyo, placer de fumar, depresión.
Es muy importante que esta estrategia de motivación se repita cada vez que un paciente no motivado acuda al centro.
Tabla 4. Motivos para dejar de fumar.
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ADOLESCENTES
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ADULTOS ASINTOMATICOS
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Mal aliento
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Dientes amarillos
-
Coste
-
Falta de independencia-controlados por los
cigarrillos
-
Dolor de garganta
-
Tos
-
Disnea (puede afectar al deporte)
-
Infecciones respiratorias frecuentes
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-
Doble riesgo de enfemmedades del
corazón
-
6 veces el riesgo de enfisema
-
10 veces riesgo de cáncer de
pulmón
-
5-8 años menos de vida
-
Coste de los cigarrillos
-
Coste del tiempo de enfermedad
-
Mal aliento
-
Poca conveniencia y aceptabilidad social
-
Arrugas
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EMBARAZADAS
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ADULTOS SINTOMATICOS
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PADRES
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FUMADORES RECIENTES
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TODOS LOS FUMADORES
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Adaptado de: Manley MW, Epps RP, Glynn
TJ. The clinician's role in promoting smoking cessation
among clinic patients. Med Clin North Am 1992;
76:477-94.
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¿Cómo
ayudar a dejar de fumar?
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Muchos de los fumadores que acuden a las consultas están motivados para dejar de fumar, pero no saben cómo hacerlo. Para ayudarles, es muy importante acordar con ellos una fecha para intentarlo. Normalmente, se recomienda que el paciente busque un día en las cuatro semanas siguientes y que ese día se registre en la historia clínica. Esto supone un compromiso firme, que refuerza la motivación del paciente y le ayuda a tener éxito.
Hasta ese día , el fumador puede hacer algunas cosas que le ayudarán a dejar de fumar:
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- Pensar y escribir las razones para dejar de fumar y también las razones por las que se fuma.
- Desautomatizar la conducta de fumar: durante unos días registrar todos los cigarrillos que se fuman, las circunstancias en las que se fuman y el grado de motivación que se tiene para fumarlo. Esto ayuda a conocer qué situaciones están asociadas a la conducta de fumar y prever maneras de afrontarlas sin cigarrillos los primeros tiempos después de dejarlos.
- Calcular el dinero que se gasta en fumar y planear usarlo en algo que apetezca desde hace tiempo. Muchos fumadores gastan 9.000 pesetas o más cada mes, más de 108.000 pesetas al año.
- Buscar apoyo para dejar de fumar: puede ser mucho más fácil dejar de fumar al mismo tiempo que un amigo o el cónyuge.
Muchos de estos consejos están recogidos en folletos de auto-ayuda con instrucciones concretas sobre cómo dejar de fumar, como las "Guías práctica para dejar de fumar" que hay en las diversas comunidades autónomas.
Hay que transmitirle al paciente que, aunque nada es cierto en el 100% de los casos, es mejor dejar de fumar de golpe y totalmente en el día fijado. Pueden servirle algunos consejos como los siguientes:
- Pensar sólo en el día concreto: Hoy no va a fumar
- Comenzar a realizar algún ejercicio suave: le relajará, le ayudará a controlar el peso y le permitirá observar algunos de los beneficios rápidos que se obtienen al dejar de fumar.
- Beber grandes cantidades de agua o de zumos de frutas ricos en vitamina C: le ayudarán a eliminar la nicotina.
- Masticar chicle sin azúcar, tener algo en las manos como un bolígrafo, etc.: esto ayuda a calmar los componente oral y/o manual que son importantes en algunos fumadores.
- Practicar ejercicios de relajación sencillos: varias respiraciones profundas seguidas, por ejemplo, que ayudan a que pase la necesidad urgente de fumar un cigarrillo.
- Algunos consejos para paliar el síndrome de abstinencia se incluyen en la
tabla 5.
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En los fumadores más dependientes, hay que considerar los fármacos, sobre todo el chicle o parche de nicotina, que son con los que se tiene más experiencia en atención primaria. Su uso duplica la probabilidad de éxito en este tipo de fumadores y por ello es clave utilizarlos. Algunas recomendaciones sobre su uso se incluyen en la
tabla 6.
Tabla 5. Recomendaciones para paliar el síndrome de dependencia a la nicotina.
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SÍNTOMA
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RECOMENDACIONES
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Deseo muy fuerte de fumar
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Respirar profundamente 3 veces seguidas, o intentar otras técnicas de relajación.
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Beber agua o zumos.
-
Masticar chicles sin azúcar o comer algo bajo en calorías.
-
Pensar que este deseo será cada vez menos intenso y frecuente.
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Insomnio
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Cefalea
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- Ducha o baño templado.
- Intentar técnicas de relajación.
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Estreñimiento
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- Dieta rica en fibras.
- Beber mucha agua.
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Dificultad de concentración
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- No exigir un alto rendimiento durante una o dos semanas.
- Evitar las bebidas alcohólicas.
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Nerviosismo
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- Caminar, tomar un baño, intentar técnicas de relajación.
- Evitar café o bebidas con cafeína.
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Hambre
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- Beber mucha agua y zumos que no engorden.
- Vigilar la ingesta de azúcares refinados y de alimentos ricos en calorías.
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Astenia
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- Aumentar las horas de sueño.
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Tabla 6. Recomendaciones para el uso de fármacos para ayudar a dejar de fumar.
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Parches
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Chicles
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Inhalador
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Bupropion
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Dosis/
Duración
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Disponibles de
16 y 24 horas.
PNT 16h.:
4 semanas 15 mg.
2 semanas 10 mg.
2 semanas 5 mg.
PNT 24h.:
4 semanas 21 mg.
2 semanas 14 mg.
2 semanas 7 mg.
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Disponibles de 2 y 4 mg.
Dar el de 2 mg inicialmente. En los de mayor
dependencia (8 o más en el test de Fagerstrom) o fallo previo con el de 2 mg, dar
el
de 4 mg.
Probar pautas de dosificación fijas (1
chicle cada hora mientras se está
despierto). No pasar de 30 chicles/día de 2
mg. ni de 20 chicles/día de 4 mg.
Disminuir gradualmente después de 3 meses.
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8-40 dosis/día
3-6 meses
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150 mg cada mañana x 3 días; después 150 mg/ 12 horas.
Empezar el tratamiento 1-2 semanas antes de dejarlo
7-12 semanas
Mantenimiento hasta 6 meses
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Instrucciones
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No fumar. Utilizar sobre piel sin pelo preferentemente
sobre el tórax. Empezar a usar al levantarse el día que deja
de fumar.
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No fumar.
Masticar el chicle de 5 a 10 veces hasta percibir
un sabor "picante", colocar el chicle entre los
dientes y la mucosa bucal para permitir que la
nicotina se absorba y esperar a que disminuya el
sabor picante, luego volver a masticar (ir
cambiando el sitio de colocación del
chicle).
Utilizar cada chicle durante 30 minutos.
Absorción limitada por ingesta de liquidos
acidificantes (café, zumos, refres cos).
Evitar comer y beber 15 minutos antes y durante el
uso.
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Efectos adversos
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Reacciones dermatológicas locales
Insomnio
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Dolor mandibular
Dispepsia
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Irritación nasal
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Insomnio
Boca seca
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Precauciones/
Contraindicaciones
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Ante. de convulsiones
Antc. Trast. alimentarios
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¿Qué hacer si nos
piden ayuda más intensiva?
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Aproximadamente 1 de cada 5 fumadores nos pedirá ayuda más intensiva y podemos proponerle un protocolo de visitas como el que sigue (Tabla 7).
Tabla 7. Protocolo de 6 -7 visitas de ayuda.
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VISITA: FASE Y CALENDARIO
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CONTENIDOS
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Antes del día D
(1 o 2 visitas)
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- ¿En qué piensa que a usted le perjudica fumar?
- Valorar intentos previos/recaídas
- Explorar motivos y dependencia
- Reforzar la motivación
- Valorar substitutos de la nicotina
- Valorar el entorno familiar/social/laboral y buscar su apoyo
- Pesar
- FIJAR DIA D
- Recomendaciones para aliviar el sindrome de abstinencia
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FASE DE EUFORIA
3-8 días después del día D
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- Consejo sobre cómo afrontar situaciones difíciles
- Valorar síndrome de abstinencia
- Control de substitutos de nicotina
- Reforzar el apoyo del entorno familiar/social/laboral
- Facilitar la verbalización de los beneficios/dificultades de dejar de fumar
- Si recaída: Valorar circunstancias
- Avisar la aparición de un "duelo"
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FASE DE DUELO
10-15 días después de dejarlo
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- Valorar la presencia de: Sensación de vacío, aumento de apetito y alteraciones del sueño
- Aliviar el síndrome de abstinencia físico
- Facilitar la verbalización de los beneficios y reforzarlos
- Control de los sustitutos de nicotina
- Reforzar apoyo del entorno
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FASE DE NORMALIZACIÖN
15-30 días después de dejarlo
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- Avisar sobre sensación de falsa seguridad
- Facilitar la verbalización de los beneficios y reforzarlos
- A los 28 días cambio de pauta en el parche de nicotina
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FASE DE CONSOLIDACIÓN
2-3 meses después de dejarlo
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- Valorar: fantasías de control. Prevenir de las recaídas de tipo social
- Pesar
- Facilitar la verbalización de los beneficios a largo plazo y reforzarlos
- Cambiar / suspender la pauta de sustitutos de la nicotina
- FELICITAR
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SEGUIMIENTO AL AÑO EXFUMADOR
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- FELICITAR
- Facilitar la verbalización de los beneficios a largo plazo y reforzarlos
- Prevenir de las recaídas de tipo social
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Adaptado de Ballvé, 2000 sobre una propuesta previa de Marín y González, 1998.
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¿Cómo
ayudar a mantenerse sin fumar?
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La mayoría de las recaídas se producen en las primeras dos o tres semanas después de dejar de fumar y tienen relación con el síndrome de abstinencia. Es muy importante avisar al paciente de la posibilidad de que este ocurra e informarle de que es una situación habitual al dejar los cigarrillos, que tiene un curso y una evolución conocidos y que sus síntomas desaparecen en un tiempo determinado. También se ha visto que una actividad de seguimiento en las dos primeras semanas puede ayudar a superar este período crítico y aumentar las expectativas de éxito.
Otro factor que se ha relacionado con que la gente recaiga es el aumento de peso que se produce en un alto porcentaje de fumadores al dejar de fumar. Es importante discutir este tema con los fumadores: reconocer que al dejar de fumar se gana como promedio alrededor de 2-4 kg. y que sólo un pequeño porcentaje de gente (10%) se produce un aumento de peso de 10 kg o más. Ni aún en este último caso el riesgo para la salud es comparable al de seguir fumando. Es importante tener en cuenta que las motivaciones de las conductas de las personas son diversas y que para algunas personas la estética tiene una gran importancia. En estos casos hay que enfatizar las mejorías estéticas que se producen al dejar de fumar, hay que aconsejar que se eviten la ingesta de azúcares y de comidas ricas en calorías y se puede establecer un compromiso de que si pasados unos meses la persona quiere perder peso desde la consulta se le ayudará.
Pasados 6 meses sin fumar sólo un porcentaje pequeño de personas recaen, por lo que algunos protocolos clínicos y algunos estudios definen como ex-fumador a las personas que, habiendo sido fumadores previamente, no han consumido tabaco en los últimos 6 meses.
El criterio más utilizado actualmente, y el standard en los estudios de investigación, es considerar
ex-fumador a la persona que, habiendo sido fumador, lleva un año sin fumar. Se estima que, en estos casos, menos de un 10% volverán a fumar.
No es necesario validar la declaración de las personas que afirman haber dejado de fumar. Si nuestra relación con la persona es buena, es improbable que nos mienta ya que eso no le reportaría ningún beneficio. Es clave mantener un clima de confianza y empatía que posibilite que la persona acuda a nosotros cuando haya recaído, o, idealmente, previamente a la recaída, en el momento en que piensa que tiene un riesgo mayor para recaer. La validación de la abstinencia sí que tiene un papel, sin embargo, en el contexto de la investigación clínica. Para valorarla se dispone de diversos marcadores, entre los que destacan el monóxido de carbono en aire espirado y la cotinina en orina o en saliva.
El punto de corte para el monóxido de carbono en aire espirado es de 8 partes por millón; con este punto de corte tiene una sensibilidad del 90% y una especificidad del 89%.
El punto de corte óptimo para la cotinina en saliva es 14,2 ng/ml y en orina de 49,7 ng/ml. Con ellos se obtiene una sensibilidad mayor al 96% y una especificidad del 99%. Este marcador no puede utilizarse si el ex-fumador está utilizando sustitutos de la nicotina).
La medición de monóxido de carbono en aire espirado ha sido utilizada como medio de refuerzo positivo a la hora de dejar de fumar, ya que ya en los primeros días se produce una normalización de los valores obtenidos y ésto ayuda a las personas que están intentando dejar de fumar.
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El humo de la corriente secundaria de los cigarrillos
contiene más partículas de pequeño
tamaño que el de la corriente principal y por lo
tanto es más probable que estas se depositen
más abajo en los pulmones.
Un no fumador viviendo con
un fumador tiene un riesgo un 30% más alto de muerte
por enfermedad coronaria y también un 26% más
alto de muerte por cáncer de pulmón. Estos
riesgos aumentan con el número de cigarrillos diarios
a los que se ha estado expuesto y con el número de
años que ha durado la exposición.
Las
consecuencias de fumar en las mujeres incluyen diferentes
efectos en la reproducción: fumar reduce la
fertilidad, aumenta la tasa de abortos y prematuros, puede
causar sangrado durante el embarazo y produce bajo peso en
los recién nacidos.
Los hijos de padres fumadores
tienen un riesgo mayor de padecer asma bronquial, tos
persistente, otitis, ingresos hospitalarios y
pérdidas de días escolares.
Es importante preguntar por la convivencia con personas
fumadoras y aconsejar estrategias para disminuir la
exposición al tabaco, como establecer "zonas sin
humo" en domicilios y lugares de trabajo.
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Dudas que
pueden plantear las personas que dejan de fumar
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"Es el único placer que me queda!"
Cuando se deja de fumar,
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se recupera sentido del gusto y del olfato por lo que se
disfruta más de la comida
-
se gana capacidad para hacer deporte
-
se ahorra dinero que se puede dedicar a las aficiones personales
-
se aumenta el número de días sin enfermedad,
etc.
"Mi abuelo fumó como una chimenea durante toda
la vida y vivió 90 años"
Los últimos estudios muestran que uno de cada 2
fumadores morirá por una enfermedad relacionada con
el tabaco, y un número mayor aún
padecerán enfermedades causadas por él. Hay
personas que, a pesar de fumar durante años, no
enferman por su consumo. No se puede saber quienes no van a
ser afectados, y el riesgo es muy grande.
"Sólo fumo cigarrillos bajos en nicotina y
alquitrán, ¿es necesario dejar de fumar?"
La mayor parte de las personas que fuman este tipo de
cigarrillos inhalan más a menudo o más
profundamente para compensar el contenido bajo de nicotina
en sus cigarrillos; por lo que, al final, la
absorción de nicotina es equivalente.
"Es más peligrosa la contaminación que
fumar"
El humo del tabaco tiene una concentración de
algunas substancias tóxicas que llega a ser 400 veces
superior a los límites aceptados internacionalmente.
"No tengo suficiente voluntad para dejar de fumar"
Cada día muchos fumadores dejan de fumar
definitivamente. La mayoría de ellos necesitan varios
intentos. Cada intento es un paso más que acerca a la
persona a su objetivo de dejar de fumar.
"He reducido mucho el número de cigarrillos que
fumo cada día"
No hay ningún nivel de consumo seguro. Aunque
existe una relación dosis-respuesta clara entre el
número de cigarrillos consumidos al día y los
efectos perjudiciales del tabaco, fumar incluso un
cigarrillo al día es dañino. Reducir el
consumo es casi tan difícil como dejar de fumar
completamente y, además, las probabilidades de volver
al nivel de consumo previo son muy altas.
"Cuándo he intentado dejar de fumar, tengo muy mal
humor y no hay quien me soporte"
El síndrome de abstinencia a la nicotina
está bien descrito y cursa con unos síntomas
claros (irritabilidad, insomnio, dificultad de
concentración, deseo urgente de un cigarrillo, etc.)
durante un período bien establecido (2-3 semanas, con
un máximo las primeras 48 horas). Lo mismo que cuando
uno pasa una neumonía espera de su entorno apoyo y
cuidados, el fumador necesita comprensión y apoyo
durante el tiempo que dura su síndrome de
abstinencia. Pasado este tiempo, hay beneficios para todos:
reducción del humo de tabaco en el ambiente, una vida
más larga y con menos enfermedades, etc.
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