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VACUNACIÓN SISTEMÁTICA
CONTRA EL NEUMOCOCO EN LOS MAYORES DE 65 AÑOS
REFLEXIÓN 1
No esta demostrada la efectividad de la vacuna
neumocócica en el anciano y algunas hipótesis
deberían ser falsadas con urgencia.
Joan Puig-Barberà,
Médico de Familia
Grupo de Vacunas, SVMFIC
Centre de Salut Pública de Castelló
jpuigb@terra.es
El neumococo es la causa del 25% de las neumonías
adquiridas en la comunidad(1), dando lugar a tasas
especialmente elevadas de morbimortalidad en las
personas de 65 y más años(2), grupo
en el que se observan el 28,6% de casos de enfermedad
neumocócica(3), con una incidencia anual
de neumonía neumocócica que puede
situarse entre 3 y 8 casos por 1000 personas de
65 o más años(4), y una letalidad
del 12,3%(5). Por otra parte, la incidencia anual
de enfermedad invasora por S pneumoniae se sitúa
alrededor de 46,4 por 100.000 en el rango de 65
a 79 años de edad y de 98,5 por 100.000
en los mayores de 80 años(3), con tasas
de mortalidad de 7,4 por 100.000 en el grupo de
65 a 79 años y de 17,4 por 100.000 en los
mayores de 80 años(2;3).
Recientemente se ha comercializado en España
una vacuna compuesta por los polisacáridos
capsulares purificados de 23 serotipos de S pneumoniae(6),
esta misma vacuna ha estado disponible en Estados
Unidos desde 1983(7).
La indicación de la administración
sistemática de la vacuna de 23 polisacáridos
capsulares no conjugada del neumococo (en adelante
denominada vacuna antineumocócica simple)
no ha estado exenta de debate por la discordancia
entre los resultados de los estudios realizados(8-14),
observándose un importante disparidad en
las recomendaciones internacionales para su uso
en población de 65 o más años(9;15-18).
Esta polémica tiene su origen a principios
de los años ochenta, en aquel momento,
y ante los hallazgos no concluyentes sobre la
eficacia de la vacuna de un ensayo clínico
de envergadura razonable y con asignación
al azar oculta y doble enmascaramiento, que no
llegó a publicarse(19), se argumentó
que el poder estadístico necesario para
demostrar la eficacia protectora de la vacuna
sólo podría alcanzarse incluyendo
en los ensayos clínicos un número
tan elevado de sujetos que los hacía impracticables,
proponiéndose, para salvar este escollo,
fiar en los resultados de estudios observacionales(20;21).
Recientemente se ha publicado una revisión
sistemática(14) que tiene en cuenta esta
propuesta e incluye, tras recopilar la bibliografía
existente y valorar la validez de los estudios
con criterios explícitos(22-24), los resultados
de ensayos clínicos y estudios observacionales.
La mejor estimación disponible sobre la
efectividad en el anciano de la vacuna para evitar
neumonía neumocócica por serotipos
incluidos en la misma fue del 14%, con un intervalo
de confianza del 95% de -199% a 76%. El número
necesario de sujetos a vacunar (NNV) para evitar
un caso fue de 1197, con un intervalo de confianza
que incluyó la posibilidad de originar
un caso de neumonía neumocócica
por cada 85 vacunados o más o de evitar
un caso por cada 242 individuos vacunados o más,
este intervalo incluyó el valor infinito,
por lo que no fue posible descartar la nulidad
del efecto de la vacuna.
En cuanto a la enfermedad invasora por serotipos
incluidos en la vacuna, la efectividad en el anciano
fue del 32%, con un intervalo de confianza de
-18% a 61%. El NNV para evitar un caso de enfermedad
invasora fue de 785, con un intervalo de confianza
en el que el NNV para producir un caso fue de
1399 vacunados o más y el NNV para evitar
un caso fue de 412 vacunados o más. El
intervalo incluyó, también en este
caso, el valor infinito, por lo que no fue posible
descartar la nulidad del efecto de la vacuna.
Finalmente, se realizó una metarregresión
mediante un análisis de regresión
múltiple sobre el logaritmo del riesgo
relativo de enfermedad invasora según estado
vacunal como variable a explicar e incluyendo
como variables explicativas el año de realización
del estudio, el diseño, los serotipos incluidos
y el nivel de sesgo según una clasificación
explícita(25); resultando que fue el nivel
de sesgos (p = 0,004) el que mejor explicó
los resultados observados (ver figura).
Veinticinco años después de la
primera autorización de la vacuna antineumocócica
simple todavía persiste la incertidumbre
sobre su eficacia y algunos autores advierten
que es preciso revisar las recomendaciones a favor
del uso sistemático de esta vacuna en las
personas de 65 o más años(11;15;26).
Mientras las estimaciones presentadas más
arriba implican la imposibilidad de afirmar la
existencia de pruebas a favor o en contra de la
vacuna, si se sitúan en un abanico que
incluye, además del efecto nulo de la vacuna,
la posibilidad de que la vacuna contribuya a que
se produzca la enfermedad que se pretende evitar.
Esta última posibilidad es inquietante
y altera radicalmente el escenario ético
de toma de decisiones y más cuando existe
una plausibilidad biológica para que esto
suceda(27) y algunos autores la objetivan(28).
La indicación sistemática de esta
vacuna a la población mayor de 65 años
no debe realizarse sin contar con un ensayo clínico
que demuestre de forma inequívoca su eficacia
protectora y no parece adecuado que el tamaño
del ensayo sea una limitación suficiente
cuando no la hay para administrar la vacuna a
millones de mayores o muy mayores, a pesar de
las dudas razonables sobre la ocurrencia de efectos
no deseados.
Por otra parte, el relato de las pruebas científicas
disponibles, a modo de revisión no sistemática,
en la que se basan algunas recomendaciones(29)
no es el mejor argumento que contraponer a un
examen crítico y estructurado de la literatura(30);
tampoco las recomendaciones basadas en evaluaciones
económicas son válidas si una de
las variables principales no se ajusta a la realidad,
así, si no hay efectividad huelga cualquier
consideración(31).
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Resultado de la metarregresión del efecto
del sesgo sobre de las estimaciones de la efectividad
de la vacuna para evitar enfermedad invasora,
las estimaciones de los estudios clasificados
AB fueron significativamente distintas (p = 0,004)
de las obtenidas en los estudios clasificados
como C La interpretación de los valores
representados en el eje de la x es: A, baja posibilidad
de resultados sesgados; B, posibilidad moderada
de resultados sesgados; C, posibilidad alta de
resultados sesgados (ver el apartado de métodos).
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